¡construye, siente, experimenta, descubre, transforma, ama!

¡construye, siente, experimenta, descubre, transforma, ama, aprende, participa, escucha...!
Mostrando entradas con la etiqueta planificación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta planificación. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de mayo de 2014

Metodologías de acción social

¿Podemos hablar de un método ideal? Creemos que no, no hay una única manera de planificar, no hay una única manera de caminar. Sin embargo, hay que buscar una que se adapte a nuestro proyecto.

A nivel teórico, existen tres líneas en las que nos podemos basar a la hora de actuar.
La primera de ellas, corresponde a la adaptativa-conservadora mediante la cual, se pretende adaptar a las personas al contexto sin cuestionarse el mismo.

La segunda línea corresponde a la educativa-reformadora. Como su propio nombre indica, ésta tiene la pretensión de reformar, sin cambiar la estructura a diferencia de la anterior.

Por último, las líneas transformadoras, son las líneas críticas, éstas van mucho más allá, puesto que lo cuestionan todo, tanto la estructura como contexto. La idea base de esta línea es que no se perpetúen las injusticias sociales.

Es relevante señalar que el contexto se mueve, y por ello que es necesario la creatividad para cambiar el planteamiento inicial, y así poder responder.

Como ya hemos comentado anteriormente, no hay una única manera de planificar, sino diferentes propuestas metodológicas, por este motivo, hay que construir el proyecto en función de unas necesidades.

Los métodos no son recetas, no hay un único esquema a seguir. El mismo proyecto, en función de quién lo presenta, se ajusta a lo que demanda la entidad, porque demanda un esquema de trabajo.

En cuanto a los paradigmas, éstos no son teorías, más bien son pautas para conocer, maneras de pensar, etc. Algunos de ellos son:

El paradigma tecnológico-posibilista, expone el análisis de la realidad, desde una técnica científica. Sin embargo, ¿hay una única realidad?, ¿la ciencia puede explicar la realidad?, ¿la podemos interpretar?
Con respecto a la educación social, aplicar este método puede estar limitado, puesto que dejamos de lado la dimensión moral. No obstante, no hay que olvidar, que todos los procesos de intervención tienen que ser científicos, ya que los problemas sociales, tienen soluciones objetivas. Bajo la idea de "hay que analizar la realidad", damos por supuesto que hay una realidad objetiva para analizar, pero, ¿no hay diferentes realidades? Es necesario ver, mirar o escuchar.

Otro paradigma a resaltar es el interpretativo, la animación como interacción social. Desde ésta perspectiva la realidad no es objetiva, no hay que descubrirla, podemos acercarnos a la realidad interpretándola únicamente, y no describiéndola al 100% (no se puede objetivar). En este paradigma, el animador solamente interpreta.

Y por último, el paradigma crítico, éste critica al positivismo, argumentando que la ciencia, no es neutral y responde a unos intereses. El animador, es un actor social, su tarea nunca es neutra, se encuentra comprometido políticamente y socialmente. El objetivo principal de este paradigma es emanciparse, tanto los individuos como la sociedad.

Para finalizar, nos centraremos en los cuatro momentos con respecto al método que hay que tener en cuenta:
1º Ver dónde vamos a actuar. Se puede llamar: Análisis del contexto, de la realidad, diagnóstico social, evaluación inicial.
2º Planificar o programar, proyecto
3º Ejecución, implementación gestión
4º Evaluación.

Maribel Bordal, Begoña Granell y Neus Zapater. 

viernes, 7 de marzo de 2014

La planificación como herramienta fundamental en la intervención


Partimos de la idea de que una buena intervención ha estado planificada anteriormente dando lugar a un proyecto. En este, se especifican unas necesidades, unos objetivos, una metodología, etc; diríamos que es una herramienta para facilitar y guiar la consecución del mismo. Es importante no centrarnos únicamente en una de las partes, puesto que un proyecto engloba tres momentos: el antes (el análisis de la realidad), el durante (la metodología) y el después (la evaluación y las conclusiones). No obstante, hay que destacar que existen gran cantidad de planteamientos en los proyectos con diversas particularidades dando más o menos peso a ciertos aspectos. 
 
Siendo conscientes de la gran cantidad de enfoques que existen a cerca de la planificación sociocultural, a la hora de formular nuestro proyecto en la asignatura de “Programas de acción sociocultural y educativa” nos vamos a centrar en uno de ellos, el enfoque comunicativo y procesual, precisamente porque pensamos que es imprescindible que comunique y tenga presente todo el proceso. 
 
A partir de este concepto, se origina en nosotras una reflexión, ¿Qué se da antes, el huevo o la gallina?, ¿Qué se da antes, la intervención o el proyecto? Supuestamente, un proyecto sí que debería garantizar una buena intervención, sin embargo, como hemos podido comprobar en diferentes acciones socioeducativas no tiene porque darse siempre así, sino que en ocasiones es la intervención la que deriva un proyecto. Pues es la práctica la que guía la acción y la mejora. Un claro ejemplo es la acción comunitaria, esta surge en base a una necesidad sin un proyecto concreto, aunque con una planificación ideada. Pues puede ser que después de este momento sí que se plasme en un cierto proyecto dando lugar a una acción más estructurada. 
 
Algunos de los proyectos que se han generado tras la acción comunitaria son las acciones sociales de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Estaríamos hablando de Stop Desahucios, Obra social la PAH, etc. 
 
Aunque la idea de proyecto sugiera una estructura cerrada, en la práctica nos podemos encontrar con ciertos impedimentos y dificultades que den lugar a una modificación del mismo, esto se debe a una mala planificación, como sería un excesivo número de actividades o falta de recursos. Pues en estas ocasiones, como hemos dicho, sería necesario replantear el proyecto y adaptarlo a la realidad social existente con la que nos encontramos. Por lo tanto, el realizar una planificación de un proyecto no garantiza calidad en el mismo ni en la intervención.
Dejando de lado cualquier tipo de estructura cerrada, consideramos que un proyecto adecuado debería disponer de cierta flexibilidad, en el sentido de que se pueda modificar alguno de sus aspectos. 
 

Maribel Bordal, Begoña Granell y Neus Zapater